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LO QUE SIEMPRE QUISE SABER ACERCA DEL AGUA Capítulo 1

  • Los Cinco
  • abril 11, 2023
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PREGUNTÉ ……..PERO NADIE SE ATREVIÓ A CONTESTAR

SECCION A: ASPECTOS GENERALES DEL AGUA

CAPÍTULO 1.  LAS ARCILLAS DEL VALLE DE MÉXICO

¿Un contenido de agua de 700%? ¿Quieres decir 7 partes de agua por 1 parte de sólidos?

Suena ilógico y sin embargo eso es lo que se obtiene al remoldear una muestra inalterada de las arcillas del Valle de México. La explicación estriba en que dichas arcillas fueron depositándose lentamente a lo largo de millones de años en un lago de origen glacial, cuyo fondo se encuentra casi a 2,000 metros de su superficie.

Las arcillas fueron formando una estructura llamada “montmorilonítica”, que al verla en el microscopio da la idea de un panal de abejas, o mejor aún, de un castillo de naipes. Los huecos entre las partículas de arcilla quedaron llenos de agua, por lo que la muestra inalterada tiene una consistencia original como de gelatina. Sin embargo, al ser remoldeada y perder el agua, queda con una consistencia como de polvorón.

En su estado original esas arcillas son prácticamente impermeables. El Dr. Nabor Carrillo, quien fuera Rector de la UNAM y el primer mexicano en obtener un doctorado de ingeniería en Harvard, determinó que la velocidad de desplazamiento del agua a través de ese material era apenas de ¡unos 5 centímetros por año!

Intercaladas en las arcillas del antiguo lago se encuentran gruesas capas de arena. La primera capa está a unos 30 metros de profundidad. Esas capas de arena constituyen los acuíferos de los que se ha estado bombeando el agua para la Ciudad de México desde hace más de un siglo. Ese constante bombeo, aunado al peso de las arcillas ha hecho que éstas se vayan consolidando, perdiendo lentamente su contenido de agua y provocando el hundimiento generalizado de la capital del país. Esto lo demostraron Nabor Carrillo, Marcos Mazari y otros investigadores desde hace casi 70 años.

Nuestro arraigado centralismo, que provocó el crecimiento industrial y poblacional del Valle de México, no ha permitido que se deje de bombear agua del subsuelo de ese Valle, aunque se ha recurrido también a llevar agua de otras cuencas, principalmente de la del Lerma y la del Cutzamala, a costos altísimos y causando daños irreparables en las regiones que se han visto privadas de ese elemento vital.

¡Y tan sencillo que hubiera sido desalentar el crecimiento centralizado y llevar el desarrollo industrial y poblacional a las regiones donde abunda el agua!

Pero el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra…Ese mismo error lo estamos repitiendo en el Estado de Querétaro.

Mi primer enfrentamiento con el agua contenida en las arcillas del Valle de México fue en 1958 durante la cimentación del Conjunto Aristos ubicado en la esquina de Insurgentes y Aguascalientes en la Ciudad de México. El segundo, en 1968 o 1969, tuvo lugar en la cimentación de la Nueva Torre de la Lotería Nacional, en la esquina de la Avenida Juárez y Reforma.

En el conjunto Aristos, por tratarse de una excavación profunda donde había riesgo del deslizamiento de los taludes de la excavación y que se nos viniera al fondo la Avenida Insurgentes con todo su tránsito, optamos por invertir el flujo natural del agua mediante la electrósmosis. Con esta técnica, que fue el tema de mi tesis profesional, se perforó una batería de pozos de bombeo con ademe ranurado, en un perímetro al exterior de la excavación y se clavó una serie de tubos verticales en los taludes, formando otro perímetro al interior. En los tubos verticales del perímetro interior se aplicó una corriente directa positiva (ánodo) y en los tubos de ademe de los pozos de bombeo, que eran ligeramente más profundos, se aplicó una corriente directa negativa (cátodo). Con este procedimiento, un fenómeno que había sido comprobado en el laboratorio de Mecánica de Suelos de la Universidad de Harvard por el Dr. Leo Casagrande, aceleramos el movimiento del agua hacia los pozos, alejándola de los taludes y ayudando a estabilizarlos. En esta forma logramos salir de la excavación y la cimentación sin incidentes.

Años después, en la profunda excavación requerida para cimentar la Torre de la Lotería Nacional en la esquina de Reforma y Avenida Juárez, se encontraron grietas verticales en las arcillas por las que fluían volúmenes muy grandes de agua que dificultaban el avance de la cimentación. La colocación habitual de un tablaestacado metálico en todo el perímetro y a esa profundidad resultaba imposible porque las vibraciones al hincarlo podrían afectar el edificio vecino, que era la antigua Secretaría de Relaciones Exteriores, una joya arquitectónica del siglo XIX.. En esa época se habían incorporado al Centro de Investigación de Materiales de la UNAM dos jóvenes recién doctorados en Criogenia (bajas temperaturas) en la Universidad de Grenoble, Juan Antonio Careaga Viliesid y Eric Mayer Bustin, quienes nos asesoraron.

En esta ocasión recurrimos a la congelación del suelo a base de una serie de pozos perimetrales donde se colocó un verdadero serpentín por el que hicimos circular nitrógeno líquido. Se formó un grueso muro de hielo alrededor de la excavación y se pudo terminar la obra a tiempo y sin problemas.

Más tarde me enteré que tuvimos la visita a la excavación de un grupo de constructores holandeses, invitados por la constructora ICA que tenía a su cargo la obra. Los holandeses observaron nuestra técnica y la aplicaron a la construcción del Metro en Amsterdam. Obviamente no tuvimos ningún reconocimiento por nuestro desarrollo, pues desafortunadamente los mexicanos no sabemos todavía a la fecha “cacarear el huevo”. 

¿A que vino todo eso de las arcillas montmoriloníticas de párrafos anteriores? Simplemente, a explicar por qué razón NO ES POSIBLE recargar el inmenso acuífero que fue generado hace miles de años por un gran lago de origen glacial en lo que hoy es el Valle de México. Una vez que se extrajo el agua de esas arcillas, drenadas a través las lentes de arena que tienen intercaladas, las arcillas se consolidaron, perdieron esa estructura donde se guardaba el agua y pasaron de tener una consistencia de “gelatina” a una consistencia de “polvorón”. Eso se vio claramente al observar las fallas de las cimentaciones en los sismos de septiembre de 1985.

Las autoridades del DF pueden inyectar toda el agua que quieran por medio de pozos de absorción y esa agua se dispersará en las lentes de arena, pero nunca volverá a intercalarse entre las partículas de arcilla. Por otra parte, mientras se continúe bombeando para abastecer de agua a la gran ciudad, las arcillas seguirán consolidándose y la ciudad seguirá hundiéndose, irremisiblemente…….

Nuestro colega del Grupo de los Cinco, el Dr. Adrián Ortega, investigador del Centro de Geociencias ubicado en el campus de la UNAM en Querétaro, conoce muy bien el tema y lo ilustra perfectamente en un artículo reciente, publicado en el diario Reforma. Señala entre otras cosas que en la zona de Tlahuac-Valle de Chalco el hundimiento es ya de 12 metros respecto a su nivel original.

Nuevamente aparecen los errores de los “técnicos” que no recuerdan que el agua tiene buena memoria. Hace unos 50 años se abrió la flamante Autopista México-Puebla. La antigua carretera libre evitaba pasar por lo que eran los restos del Lago de Chalco, pero como ese lago desapareció por azolvamiento y desecación al paso de los años, el trazo de la Autopista cruzó por donde antes hubo un lago. Inclusive, la caseta de cobro original quedó ubicada en la parte más inundable y, como ocurre siempre, de inmediato aparecieron asentamientos humanos irregulares a ambos lados de la ruta. Esos asentamientos fueron regularizados en una acción de populismo de Carlos Salinas cuando creó el Municipio Solidaridad, hoy Municipio Valle de Chalco.

Y como siempre, el agua descubrió a los pen…. Después de varias inundaciones en temporada de lluvias, hubo necesidad de desplazar varios kilómetros la caseta de cobro de la Autopista y ubicarla donde se inicia la zona de lomerío. El colmo fue la rotura del Canal de la Compañía en julio de 2000 y en muchas otras ocasiones subsecuentes, lo que inunda con aguas negras numerosas manzanas de los que fueron esos asentamientos irregulares. La parte más profunda de la inundación se localiza precisamente, como ya dijimos, donde se ubicaba la antigua caseta de cobro.

El problema, muy costoso y muy doloroso, afecta a familias que ven inundado su patrimonio por aguas negras, causándoles pérdidas de salud y hasta de sus vidas.

Sucede que muchas veces la cabeza responsable de algunas obras de vital importancia no es un técnico calificado y acepta el cargo, otorgado por autoridades superiores, como premio por sus méritos en campañas políticas, sin tener los conocimientos mínimos necesarios. A su vez invita a colaborar a compadres y amigos que tampoco tienen los conocimientos. ¿No es ésta la peor corrupción?

Y como ocurre siempre, especialmente en Querétaro, nuestros “técnicos” siguen sin aprender de los errores del pasado. Los queretanos de antes recordamos perfectamente que la carretera libre a Celaya se trazó pasando por Apaseo el Alto y evitando así la zona llamada “El Nacimiento”, donde brotaba el agua y donde como estudiantes acostumbrábamos ir de excursión por la abundancia de ahuehuetes y lagunetas con peces. Sin embargo, al trazar la Autopista Querétaro-Celaya, la cruzaron precisamente por esa zona, ya que el acuífero había descendido y las lagunetas se habían desecado. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir….. Bastaron unos cuantos temporales para que el agua recordara donde había estado antes e inundara la Autopista interrumpiendo el paso durante varias semanas. Eso ha ocurrido en varias ocasiones y volverá a ocurrir….

Pero lo más peligroso, como señala el Dr. Ortega en su artículo y como ha recalcado una y otra vez en Querétaro el Maestro Alfredo Zepeda Garrido, exRector de la UAQ y también colega nuestro en el Grupo de los Cinco, es la subsidencia general, tanto en el Valle de México como en el Valle de Querétaro, ocasionada por la extracción de agua del subsuelo. Las grietas en la calles y en las casas, el colapso de muchas estructuras, la rotura de las redes de agua y de drenaje, el cambio en la pendiente de los canales superficiales y tantos otros daños a la propiedad que observamos a diario en la Ciudad de México, poco a poco se irán incrementando en Querétaro.

Y no se deben a “fallas geológicas” como quieren hacernos creer. Se deben desgraciadamente al centralismo, que hace que nuestras autoridades sigan atrayendo más y más población a la zona conurbada de la capital de nuestro estado. Esto a su vez hace que se tenga que extraer más y más agua de nuestro subsuelo, cada vez a mayor profundidad y sin que haya posibilidad alguna de recargar nuestros acuíferos, pues la velocidad promedio de infiltración del agua de lluvia en el Valle de Querétaro es de apenas 50 centímetros por año. Es decir, la gotita de lluvia que se pueda infiltrar hoy, tardará más de 200 años en llegar a donde se encuentra el nivel medio de nuestro acuífero……

Fragmento del libro inédito del Dr. José Antonio Nieto Ramírez

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