PREGUNTÉ….. PERO NADIE SE ATREVIÓ A CONTESTAR
SECCION A: ASPECTOS GENERALES DEL AGUA
CAPÍTULO 2. LOS ERRORES DEL PASADO EN MATERIA DE AGUA
“El hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra”
“NO APRENDEMOS DE LOS ERRORES QUE SE COMETIERON EN EL VALLE DE MEXICO EN EL TEMA DEL AGUA …. INSISTIMOS EN REPETIRLOS”
Bernal Díaz del Castillo y otros historiadores narran la visión de los conquistadores al llegar al Valle de México alrededor de 1520. Sin embargo, ya desde doscientos años atrás los fundadores aztecas cometieron el primer error al establecerse en un islote ubicado en medio de un lago de origen glacial que estaba en sus últimas etapas de vida. (Todos los lagos eventualmente terminan por azolvarse, aunque este proceso puede ser acelerado o demorado por la acción del hombre). Este fenómeno es más notable aún, por ser el Valle de México una cuenca “endorreica”, es decir, una cuenca que no tiene salida natural para las aguas que caen en ella. Por lo mismo se generan 3 problemas que detallamos a continuación:
Los fundadores pronto se enfrentaron al PRIMER PROBLEMA: traer agua potable para la población de una ciudad que empezaba a crecer en un islote rodeado de aguas salobres. El rey Ahuizotl construyó una acequia para llevar el agua para beber desde los manantiales de Xochimilco y Coyoacán hasta Tenochtitlán, una enorme hazaña para esa época.
El SEGUNDO PROBLEMA: conservar la calidad de las aguas, lo afrontó el Rey Poeta, quien separó las aguas dulces de las salobres mediante otra magna obra de la que aún podemos observan los restos: el Albarradón de Nezahualcóyotl.
El TERCER PROBLEMA: sacar el agua excedente, le tocó afrontarlo a los españoles en la Epoca Virreinal, cuando se presentaron las inundaciones de 1600 y el zócalo permaneció inundado durante unos 8 años con un tirante de agua de 2 metros, cuyo nivel se puede ver señalado por una barra metálica adosada a uno de los muros de la Catedral Metropolitana. Hubo necesidad de contratar a Enrico Martínez para que localizara la porción más baja de ese enorme valle cerrado y nuevamente, con una obra titánica, realizada a mano en su totalidad, abriera el Tajo de Nochistongo hacia donde llevó las aguas de la ciudad mediante lo que hoy conocemos como el Gran Canal del Desagüe.
Los gobiernos de la Epoca Independiente siguieron cometiendo errores en el manejo de las aguas en el Valle de México: desecaron el lago de Texcoco en lugar de levantar sus bordos para conservar el agua y abrieron el primer túnel de Tequisquiac para desalojar las que no podían salir por el Gran Canal. Años después se abrió el segundo túnel, también para ayudar a sacar el agua más rápidamente..
En la Época Post-Revolucionaria, con la inseguridad en el campo y la disolución de las antiguas unidades productivas, se inició la migración de los habitantes del campo a la ciudad. En menos de 50 años se invirtió el patrón poblacional. Hubo necesidad de llevar agua al Valle de México a partir de la cuenca del Río Lerma, con lo que se inició la tragedia del Lago de Chapala. Se vetaron nuevos fraccionamientos en el Distrito Federal, pero se establecieron en su periferia, en el Estado de México, empezando por el antiguo vaso del Lago de Texcoco: Ciudad Neza.
(En lo que toca al Valle de Querétaro, se autorizan sin control en Huimilpan, Corregidora y El Marqués, además de los cambios de uso de suelo en el propio municipio de Querétaro).
Después de afectar el Valle de Lerma y perforar los pozos de la región de Ixtlahuaca empezó la Megaurbe del Valle de México a despojar de agua a la cuenca del Río Cutzamala. Se canceló el Sistema Hidroeléctrico de Tingambato que operaba la CFE para confiscar el agua que llega a Colorines y Valle de Bravo. Mediante costosísimas obras de bombeo y la planta de potabilización de Los Berros se suministran 14 metros cúbicos por segundo al Valle de México.
(En el caso de la capital de nuestro estado, la población civil frustró el intento de quitarle el agua al Distrito de Riego de San Juan del Río. También se impidió que extrajeran el agua de los pozos del Batán, Municipio de Amealco para llevarla a la zona metropolitana de Querétaro. Por ello hubo necesidad de “descubrir” los Manantiales del Infiernillo).
En el Valle de México se siguen extrayendo enormes volúmenes de agua del subsuelo, a pesar de haberse demostrado, desde que se publicaron los estudios de Nabor Carrillo y Marcos Mazari, que se provocan graves hundimientos y grietas de desecación, que se colapsan los sistemas de agua potable y drenaje de la ciudad, que se contaminan los acuíferos, que no es posible reinyectarlos y que se están extrayendo aguas fósiles con peligrosos contenidos de arsénico, fluoruros y otros contaminantes. (Lo mismo está empezando a manifestarse en el Valle de Querétaro).
Desde mediados del Siglo XX se conocía en el Valle de México la magnitud del problema, pero los gobiernos se dedicaron a atacar sus efectos y no la causa principal: LA SOBREPOBLACIÓN DEL VALLE DE MÉXICO. Con la precipitación media anual, el área de la cuenca y cuidando el manejo de los acuíferos, la población sustentable en ese Valle es apenas de unos 7 millones de habitantes. En la actualidad hay más de 20 millones. Se olvidaron que el agua es la primera limitante al crecimiento urbano. (Y en nuestra zona conurbada de Querétaro, ¿que estarán pensando? La pregunta debía ser ¿piensan?)
Debieron haberse establecido políticas de estímulos fiscales, crediticios y tarifarios para fomentar el desarrollo de otras regiones del país y desalentar el crecimiento insostenible de la gran capital y su zona conurbada. ¿Estaremos a tiempo en nuestro estado para aprender esa lección? ¿Habrá por fin un ESTADISTA en el futuro de nuestra entidad, que piense en las próximas generaciones y no sólo en las próximas elecciones?
CAPÍTULO 3. LA COMERCIALIZACIÓN DEL AGUA

¿ORGANISMOS PÚBLICOS O EMPRESAS PRIVADAS EN EL SUMINISTRO DE AGUA?
En el libro “El Oro Azul” de Maude Barlow y Tony Clarke, se menciona que los principales barones del agua son las empresas Vivendi Universal y Suez, ambas empresas con bases en Francia, donde el servicio del agua se empezó a privatizar desde el siglo 19, bajo aquel Napoleón III de infausta memoria. Entre ambas empresas controlan el 70 por ciento del mercado mundial del agua. Suez opera en 130 países y Vivendi en más de 90.
El mercado mundial del agua es tan grande que en la actualidad sus ingresos representan ya el equivalente al 40 por ciento de los ingresos mundiales de la industria petrolera y ya son un tercio más grandes que los ingresos acumulados de la industria farmacéutica mundial. Con toda razón la revista Fortune publicó en el año 2000: “el agua promete ser en el siglo 21 lo que fue el petróleo en el siglo 20, el recurso precioso que determinará la riqueza de las naciones”
La lucha por liberarse de las empresas privadas a las que se ha concesionado el suministro de agua potable a muchas ciudades es una intensa confrontación en la actualidad. Existen muchos casos de comunidades enteras (uno muy conocido es el de Cochabamba en Bolivia) que han tenido que llegar a enfrentamientos multitudinarios para poder librarse de esas sanguijuelas. Desafortunadamente en esas empresas el objetivo final es únicamente maximizar sus utilidades (“the bottom line”). Su objetivo nunca podrá ser garantizar la sostenibilidad del recurso ni tampoco el acceso equitativo del agua a toda la población.
Otros casos de conflictos recientes por concesiones de abastecimiento de agua a algunas ciudades importantes en el caso de la empresa Suez, se han presentado en Sao Paulo, Buenos Aires, Manila, Yakarta, Budapest, La Paz, Bolivia, y Postdam, Alemania. En el caso de la empresa Vivendi se han presentado conflictos en Puerto Rico, Tucumán, Nairobi y Berlin entre otros.
La mejor política de los municipios es no dejar entrar a las empresas privadas en el suministro del agua a las comunidades. Es preferible fortalecer los organismos operadores estatales y municipales existentes. En nuestro caso JAPAM en San Juan del Río y la CEA en el resto del estado, deben ser fortalecidos y modernizados para que cumplan su misión en forma eficaz, equitativa y rentable. Aquí aparece una incongruencia: ¿cómo vamos a suministrar agua a un precio justo y al mismo tiempo vamos a tener un organismo público rentable?
Debo confesar que “el viejo” autor de este libro, se ha enfrentado muchas veces a ese dilema: “¿público o privado?” Generalmente en cualquier organismo público vamos cayendo en el crecimiento irrefrenable de su burocracia. Este es un fenómeno universal inexorable, llamado también “Síndrome de Buckingham” porque se ilustra con el caso histórico de Inglaterra. Cuando esa nación era la reina de los mares y tenía colonias esparcidas por todo el planeta, el Ministerio de Colonias consistía en dos pequeñas oficinas en el Palacio de Buckingham, mientras que a finales del siglo 20, cuando ya no tenía colonias, ese Ministerio ha llegado a ser todo un complejo de edificios y personal superfluo y nada que administrar.
En nuestro México aparecen actualmente muchas escuelas y universidades, “patito” o no, que ofrecen carreras de Administración de Empresas, pero muy pocas enseñan como crear esas empresas para administrarlas.
En nuestro país el Síndrome de Buckingham se intensifica por las presiones de sindicatos oficiales cuya función principal parece ser llenar de personal innecesario a las entidades públicas a todos los niveles, federal, estatal y municipal.
Por otra parte, la mayoría de las empresas privadas, cuyo objetivo natural debe ser incrementar las utilidades para sus accionistas, requieren incrementar sus ventas y establecer tarifas rentables. Por lo tanto la necesidad de incrementar el consumo y las ventas les obliga a sobreexplotar el recurso a costa de su sostenibilidad, y la necesidad de generar utilidades hace que muchas veces sus tarifas queden fuera del alcance de amplios sectores de la población.
¿Y qué tal un organismo público que operase con la eficiencia de una empresa privada, pero que las utilidades que obtenga se revirtiesen en beneficio de los sectores más necesitados? Sería lo ideal, siempre que lográramos establecer bases firmes para su funcionamiento, para evitar un crecimiento desmedido de su personal y de sus gastos administrativos. También deberíamos establecer en esas bases los mecanismos que lo protegieran de los cambios políticos sexenales. Especialmente evitar el uso de las tarifas de agua como bandera de campañas electorales populistas.
Tal vez otra solución estaría en aplicar subsidios en forma individual a las personas que lo requieran, pero no en la forma general que se acostumbra con tarifas bajas, ya que éstas descapitalizan al organismo público y generalmente benefician a los que menos lo necesitan. Igualmente se debería proceder con las becas de nuestras universidades públicas que debían tener colegiaturas rentables y al mismo tiempo dar acceso a jóvenes de escasos recursos que tengan capacidad e interés en aprender. Pero me estoy saliendo del tema….
¿Y donde quedan las instituciones de educación públicas y privadas en relación con la enseñanza del cuidado del agua? Debería ser una enseñanza seria desde el Jardín de Niños y a todos los niveles siguientes para forjar una conciencia de la importancia del cuidado de ese recurso vital.
1 comentario
Excelente artículo de los capítulos 2 y 3, muy buena explicación para los que sabemos poco del agua. Pero yo tengo una inquietud acerca de la privatización del agua en nuestra ciudad. Hace algún tiempo vi un video de una investigación que realizó la UAQ, y lo tituló: «Los feudales del agua en Querétaro». Y observé con enojo cómo, hay entes a quienes se les ha entregado la concesión en la privatización del agua. Personajes como los Torres Landa, un hermano del actual gobernador Kuri, y varios fraccionadores de colonias privadas.
Considero que el agua es un derecho divino, al cual tenemos todos los seres humanos. Les dejo esta reflexión.
Reciban mi reconocimiento por esta labor de los cinco.