PREGUNTÉ….. PERO NADIE SE ATREVIÓ A CONTESTAR
SECCION A: ASPECTOS GENERALES DEL AGUA
CAPÍTULO 6. EL IMPACTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO. DESERTIFICACIÓN
Tres sexenios después del gran error cometido por López Portillo al desaparecer la Secretaría de Recursos Hidráulicos con sus Comisiones Ejecutivas que operaban con base en cuencas hidrológicas, se trató de corregir el error creando la Comisión Nacional del Agua, con esta dependencia ubicada en la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, se pretendió volver a manejar este recurso a base de cuencas y regiones hidrológicas, pero el daño ya estaba hecho.
Las grandes presas para riego construidas por la Comisión Nacional de Irrigación y por la Secretaría de Recursos Hidráulicos durante el siglo XX, se fueron llenando de sedimentos y azolves, lo que redujo su capacidad de almacenamiento y ya no se construyeron grandes presas para sustituirlas. Esto también afectó en forma crítica su capacidad de regular las grandes crecientes y las inundaciones.
Se habla a la ligera de que hay que desazolvar los embalses, o bien sobreelevar las cortinas, los diques y las estructuras de las presas antiguas para recuperar la capacidad perdida, pero extraer los azolves es prohibitivamente costoso y generalmente no hay un lugar cercano donde depositarlos. Por otra parte, muchos gobiernos estatales y muchos municipales han permitido que se formen asentamientos humanos (tanto fraccionamientos de lujo como lotificaciones irregulares) alrededor de los embalses, por lo que si se pretendiera sobreelevar las presas se afectarían miles de viviendas y residencias.
Lamentablemente en los programas de infraestructura propuestos por las autoridades federales para reactivar la economía y enfrentar la crisis mundial, no hemos visto anunciado ningún esfuerzo que se encamine a construir más presas de almacenamiento. Estas constituyen los tinacos que necesita un país semidesértico como el nuestro para guardar el agua que nos traen cada año los huracanes como una bendición a nuestro sediento altiplano.
Para hacer frente a los períodos más largos de sequía alternados con huracanes más intensos que son la consecuencia más visible del Cambio Climático Global, es urgente establecer en todo el altiplano y particularmente en las regiones más desérticas del país, un programa de construcción de pequeñas presas y bordos de almacenamiento de agua, que deben construirse con las técnicas adecuadas, con un cuidadoso desplante y cimentación, una selección, colocación y compactación cuidadosa de los materiales y dotándolos de obras de toma y obras de excedencia (vertedores) con las dimensiones adecuadas. Así lo hicieron nuestros ancestros durante la época virreinal y durante el primer siglo del México independiente. ¿Qué no seremos capaces de repetir esa hazaña?
CAPÍTULO 7. EL IMPACTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO. INUNDACIONES
Los huracanes, que en el Altiplano son una bendición, en las zonas costeras constituyen una calamidad, un fenómeno recurrente que causa mayores daños cada vez y cuya frecuencia e intensidad se van a incrementar con el Cambio Climático Global. De especial significado para nuestro país es el año 1944 en que se juntaron varios fenómenos meteorológicos que provocaron aquella histórica inundación de más de 400,000 hectáreas en la cuenca del Papaloapan. Esa inundación detonó nuestro programa de manejo de inundaciones.
En efecto, el histórico desembarco del presidente Ávila Camacho en Tuxtepec, Oaxaca, acompañado de su secretario de Gobernación Miguel Alemán, dio origen a la creación por parte de este último cuando llegó a presidente, de la Comisión del Papaloapan y la Secretaría de Recursos Hidráulicos, ampliando las funciones de la antigua Comisión Nacional de Irrigación, para atender el control de las inundaciones en los caudalosos ríos de nuestras zonas costeras. Zonas costeras que en aquella época todavía tenían muy poca población.

La Comisión del Papaloapan logró controlar parcialmente las recurrentes inundaciones causadas por este río, mediante la construcción de sendas presas en dos de sus principales afluentes, el río Blanco y el río Tonto. Así, las presas de Temazcal (presa Miguel Alemán) y Cerro de Oro (presa Miguel de la Madrid) fueron suficientes para detonar el desarrollo integral de esa zona. Para un control completo del Papaloapan sería necesario construir presas de control de avenidas en los otros dos afluentes, el río San Juan y el río Tesechoacán.
Sabemos que la planicie del Golfo de México, desde Tamaulipas hasta Campeche ha sido afectada tradicionalmente por las inundaciones que provocan los huracanes. En Tamaulipas y el Norte de Veracruz son particularmente destructivas las inundaciones provocadas por las crecientes del río Pánuco y su afluente el río Tamesí. En la parte central de Veracruz, se producen afectaciones desde Tuxpan hasta el puerto Jarocho, dañando principalmente Poza Rica, Nautla y Tecolutla por crecientes cada vez más destructivas de algunos ríos que se inician en la Sierra de Puebla. En esta Sierra la deforestación ha reducido la infiltración del agua de lluvia, ha aumentado el acarreo de azolves a los cauces y ha acortado el tiempo de concentración de las aguas hacia las ciudades de la costa.